La Edad Dorada Donde todo comienza… y a veces se transforma.
En Consejo de Familia, exploramos la Edad Dorada, una etapa donde la longevidad, el patrimonio y la experiencia se entrelazan con las nuevas generaciones. Pasamos de la cuchara de plata a la cuna de oro, reconociendo que heredar no es solo recibir bienes, sino también sabiduría, tiempo y propósito.
La mesa —ahora dorada por los años— sigue siendo el punto de encuentro, pero también se convierte en el laboratorio donde se rediseñan las reglas:
La mesa de la familia.
La mesa de los propietarios.
La mesa de la gerencia.
Porque en la Edad Dorada no solo contamos los años; los habitamos con intención y liderazgo. Abrazamos un nuevo propósito de salida.
Hay empresas familiares que no nacen de una fábrica, una finca o un comercio, sino de algo más difícil de tocar: una práctica profesional, un oficio, una reputación y una cartera de clientes construida durante décadas. En este episodio, Juan Carlos Aimetta abre una pregunta incómoda: cuando el verdadero patrimonio está en el criterio, el conocimiento y el acceso al métier, ¿eso se puede heredar o desaparece con quien lo encarnó?
La conversación distingue entre dejar un apellido y construir una organización capaz de continuar. Si algunos hijos pueden seguir la práctica y otros no, ponerlos a todos juntos puede crear más tensión que continuidad. Tal vez el reto no sea repartir la práctica como si fuera un inmueble, sino convertirla en una empresa de servicios, con marca, método, acuerdos y compensaciones inteligentes.
Consejo de Familia, el PODCAST donde hilamos fino los dilemas de las familias empresarias.
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Según la Organización Internacional del Trabajo, casi la mitad del empleo en América Latina es trabajo por cuenta propia. Es decir, millones de personas trabajamos como autónomos. El abogado que abre su estudio, el contador en su despacho, el médico que tiene su consulta y el consultor que vive de su criterio. Estos son proyectos profundamente personales que rara vez se piensan como empresa familiar y sin embargo con los años en esos estudios se acumula algo muy poderoso. Clientes, reputación, experiencia y la forma única de ejercer el oficio. Ese capital invisible. La pregunta entonces no es si un autónomo tiene empresa, sino si puede una práctica profesional convertirse en un proyecto familiar con continuidad. Reunidos en Consejo de Familia, abrimos sesión. Hoy nos acompaña Juan Carlos Aymeta, un viejo amigo y consejero del Consejo de Familia. Bienvenido, Juan Carlos.
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Gracias por tu invitación, por darme la oportunidad de compartir mis aprendizajes con ustedes.
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Me decías, Juan Carlos, que podemos conversar de opciones.
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Claro, tú las enumeraste sutilmente recién en la presentación. Una opción es concebir mi oficio como... un trabajo profesional, experto, hecho con dedicación y esmero, que cuando aumente la cantidad de personas atendidas, de pacientes atendidos, de obras, si soy un estudio de arquitectura, requerirá ayudantes de la misma profesión, del mismo oficio que yo. Y otra diferente es concebirse como una empresa de servicios. Es decir, yo tengo una pequeña empresa de servicios profesionales. Parece parecido, pero es muy diferente. Porque la empresa tiene precios para sus servicios. El profesional tiene honorarios. El profesional puede compartir parte de sus honorarios con un colega que lo ayuda a desarrollar una oportunidad. El empresario suele referirse a lo mismo de otras maneras, habla de comisión por gestión comercial, habla de alianzas estratégicas con otras empresitas como la del que se perciben a sí mismas como empresas de servicio. Hay una serie de diferencias que son conceptuales, como decías vos tú en una conversación que teníamos, es el mapa mental lo que cambia. Y por supuesto, las empresas están pensadas para durar más allá del fallecimiento de quien las fundó y los estudios profesionales no.
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No necesariamente, ¿verdad Juan
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Carlos? No necesariamente.
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Fíjate que yo lo que pienso, y regreso a lo mismo, en el tema de la longevidad, siento que ha habido un cambio tan radical en la expectativa de vida que así como la expectativa de vida de nuestro estudio profesional eran 30 años, ahora son 50, Juan Carlos. ¿Es posible que algo que tiene 50 años se muera por ese modelo mental que no terminó de
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evolucionar? Bueno, sí. De hecho, el estudio más grande de auditoría de mi provincia en Argentina, con 52 profesionales empleados, no duró más de tres meses después del fallecimiento de su fundador. El fundador era una autoridad intelectual, un referente, en su campo. Pero nunca se pensó a sí mismo como gerente. Nunca se vio como el líder de un grupo, nunca pensó en nombre de supervisores. En fin, las cuestiones que hacen a una
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empresa. Hasta el apellido del fundador, ¿verdad, Juan Carlos?
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Claro, porque si la empresa lleva el apellido del fundador y el fundador desaparece, es muy difícil que alguien contrate un estudio que lleva un apellido que no está encarnado en ninguno de los que ahí trabaja. En ese caso, proponemos sin cambiarlo por un nombre de fantasía.
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Muchos hijos de profesionales que seguramente nos están escuchando no quieren heredar el escritorio de sus padres, pero sí podrían transformar el modelo como asociarse, profesionalizar, escalar el conocimiento. O sea, si un profesional autónomo nos escucha hoy, ¿qué tendría que empezar a hacer desde ahora para que su práctica no termine con
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él? Bueno, para empezar, reconocerle el derecho de decidir que sí termine con él. Pero si Suponiendo él no deseara eso, la idea que proponemos es empezar a concebirse a sí mismo como una verdadera empresa de servicios. Por ejemplo, yo he notado que los médicos, no todos, pero algunos médicos, algunos profesionales de la medicina, tienen un pudor muy especial en la referencia a los pacientes como clientes. Y lo mismo pasa con... con un montón de profesiones. Una vez un colega nuestro, tuyo y mío, nos dijo, los abogados tienen casos, los médicos pacientes, los contadores, en aquel momento se decía carpetas, nosotros atendemos clientes, atendemos personas. La mirada es diferente. Hay que saber también reconocer entre nuestros hijos quienes tienen formación para seguir con esto, porque yo puedo tener una familia de cuatro hermanos donde dos sean abogados y dos no, y evidentemente los dos que son abogados van a tener más interés en continuar el estudio de abogacía del padre. Si mi padre es arquitecto y tengo un hijo arquitecto y cuatro no, seguramente el hijo arquitecto va a tener más interés en continuar. Ahora, si yo lo transformo en una empresa de construcciones, que no es lo mismo, y lo constituyo como una sociedad comercial, ahí empiezo a constituir material heredable. Es decir, ahí ya sí van a tener derecho los cinco hermanos, o los cuatro en el otro caso. Me refiero a heredable porque si yo constituyo una sociedad comercial, las partes de esa sociedad comercial, es decir, Las acciones son material heredable, como un auto, como un mueble. Entonces, en otros países latinoamericanos la van a heredar forzosamente cuatro personas, de las cuales solo una va a ser arquitecto. Entonces, el arquitecto va a tener cuatro socios, no arquitecto. Yo he visto que funciona mejor que cuando hay un solo hijo o dos que siguen la vocación del padre, capitalicen su herencia intelectual, su prestigio, su red de relaciones. pero no a las acciones de un estudio, porque los herederos no abogados difícilmente vean el estudio como una empresa comercial. Y ahí se producen tensiones. Nos ha pasado con el estudio de arquitectura, con... estudios de abogados, con estudios contables. Si hay hijos que van a seguir la vocación de los padres, que aprovechen todo lo que puedan, digamos, las puertas que su padre le puede abrir. Pero transformarlo en una sociedad comercial no me parece una buena idea si hay otros herederos que no comparten el oficio.
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Juan Carlos, si un profesional independiente nos escuchara hoy, abogado, contador, todos los que tú pusiste, médicos, arquitectos, y quieren que su proyecto tenga continuidad ¿Cuál sería tu consejo para empezar a construir ese legado y no solo el ejercicio
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profesional? Si quiero continuar que mi proyecto perdure, la situación es distinta si tengo algún hijo que lo puede continuar o si no tengo ningún hijo que lo pueda continuar. Si no tengo ningún hijo que lo pueda continuar, debe continuar liderado por otra persona con un nombre de fantasía, no con mi apellido. Ese cambio lo tengo que hacer antes de desaparecer del mapa, del escenario, del mercado, para poder guiar a los clientes hasta que aprendan que esa marca de fantasía es la continuidad de mi estudio. Si tengo hijos hay que ver si todos los hijos tienen la profesión del padre o de la madre o no. Si hay algunos que sí y otros que no, por lo general los que siguen en la profesión del padre o de la madre no ven con buenos ojos que los otros sean socios de del dinero que se gana ejerciendo de esa profesión. Entonces habrá que encontrar el modo de compensarlos en el patrimonio, en la herencia, pero no ponerlos a todos juntos en una sociedad. Y si todos los hijos han seguido la misma profesión del padre, si todos son arquitectos, todos contadores y demás, bueno, ahí estamos en una situación ideal que en general no es la más
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frecuente. Mi pregunta sería, en el caso de que hubieran partes que sí, partes que no, ¿tú le dejarías... a los socios que son los capaces de seguir creciendo el negocio, ¿les dejarías más?
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Esa es una posibilidad en aquellos países donde la legislación lo permite. Y si no, puedo encontrar, si el fundador tiene patrimonio suficiente, modos de compensar con otro tipo de bienes, con inmuebles, con un campo, con activos financieros. Pero en general el mensaje, Margan, es los que son hijos del cantante ven con toda naturalidad que él pueda acodearse con los dueños de los estudios de grabación, de los medios y con los productores y los managers, porque lo acompañaba a su padre desde chico. El hijo del cantante que se ha dedicado a otra profesión no tiene ese acceso porque ha elegido otro camino en la vida. Ahora, es difícil que el hijo del cantante se ponga de socio con alguien que no conoce el métier, porque ahí se generan innecesariamente tensiones
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familiares. De acuerdo, pero por el otro lado también habría una tensión porque uno está heredando lo intangible, lo posible de crecer, lo está heredando en desigualdad.
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Es una interpretación posible para la que hemos encontrado hasta el momento una sola solución, una negociación pacífica con el antiguo método de ganar-ganar y una porción del patrimonio del fundador que compense esa asimetría.
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Esto fue Consejo de Familia. el podcast donde hilamos fino los dilemas de las familias empresarias. Hoy conversamos de aquellas empresas familiares que no nacieron en la industria, el comercio, la agricultura, sino de algo mucho más silencioso y personal. Un estudio profesional, una práctica, un oficio crecido durante décadas. Y eso concluimos, tal vez, Juan Carlos, que cuando el conocimiento, la reputación y los clientes se cuidan como patrimonio, hasta un proyecto a autónomo puede concebirse y convertirse en un proyecto familiar, heredable y continuado. Así es, Juan Carlos.
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Qué buen cierre. Esa es la idea. Exactamente esa es la idea. Transformar un estudio profesional en una auténtica empresa de servicios.
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Hasta pronto, Juan Carlos. Muchas gracias.
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Gracias a ti. Buen día.
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Comparte este episodio con quienes te importan porque cuando aprendemos juntos, tomamos mejores decisiones. Y habiendo mucho más que tratar cerramos la sesión.